domingo, 13 de septiembre de 2009

¡Pegamos La Vuelta y Estamos de Vuelta! ¡¿Que Querés, Si Siempre Estamos Volviendo!


El circo de la vida

Un drama hilarante, un homenaje a ese género que los rioplatenses supieron conseguir.

Una historia que comienza por el final, y termina por el comienzo, donde desfilan personajes grotescos, hilarantes y gritones. Una familia circense en ruinas, a causa de una desgracia […], que vaga sin rumbo por caminos entrerrianos del 1900. Bien criollos, como el Martín Fierro; bien infortunados también, al igual que el gaucho de Hernández.
Abandonados por todos en medio de la desgracia, entre gritos histriónicos, payadas y candombes, la familia Gordillo, heredera del que alguna vez fuera el fantástico circo de los Gordillo, intenta sin éxito improvisar números nuevos, tras la pérdida de su amado Titino, el mono estrella. Pero un joven lanzador de cuchillos aparece de la nada para mejorar la suerte del vapuleado circo, y revolver aún más las ya complicadas vidas de los Gordillo, quienes, sin saberlo tienen a la Muerte y a un Ángel pisándoles los talones.
Bardo Criollo es un verdadero tributo al circo rioplatense, donde la música, el teatro, los payasos y alguna que otra acrobacia se mezclaban para hacer entretener al público popular, sin delicadezas, riéndose de las propias desgracias. Por momentos, los diálogos no se distinguen por el barullo y el griterío que los cinco actores producen en escena, pero eso parece no importar, el público se ríe de buena gana, las caras de los protagonistas lo dicen todo. Aquí el humor es físico, tal como lo era en los circos criollos de fines del siglo XIX. Los personajes, bien caracterizados, denotan el trabajo de investigación que Teatro del Bardo dedicó a la producción del espectáculo.
Valeria Folini (Pelusa); Juan Kohner (Santiaguito), Walter Arosteguy (Alberto), Daniela Osella (Doña Ana), y Gabriela Trevisani (Maura) dan vida a estos personajes alegres y desgraciados a la vez, pero que aman su vocación, y a los que los avatares de la vida jamás podrían hacer cambiar su carromato por las tablas de un teatro. Del llanto a la risa, del hambre a la abundancia, de la vida a la muerte; así de paradójicas transcurren las crónicas de los cinco.
E, inesperadamente, la historia termina por donde empezó. La vida de los Gordillo no es simple como sus espectáculos, por el contrario, es una metáfora circense:

“Así es la vida, un circo más. Si se termina, vuelve a empezar…”

Luciana Actis – Diario Uno Entre Ríos, Paraná 28/05/09

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